jueves, 19 de agosto de 2010

aaaahhhh la lluvia fresquita….



Amenazaba, por fin, el cielo con la típica tormenta de verano, a pesar de eso, Maria no había dudado a la hora de salir de casa, miraba hacia él y veía como las nubes se agrupaban haciéndose hueco para comenzar su baile.

El aroma a tierra mojada anticipada a la lluvia y al salitre del mar, se mezclaba en el aire de la mañana de ese agosto particularmente bochornoso, necesitaba la lluvia, tan escasa en ese pueblo, era un bien tan preciado para Maria que cuando comenzó a llover revivió.

El sonoro repiqueteo del agua en el suelo y en su piel, los truenos, acompañando esa maravillosa música matutina, respiro hondo no le importaba que las gotas cayesen por su cara, no sabia para otras personas, pero para ella era una especie de revitalizador que agradecía cada poro de su piel, supuso que para la gente que había llegado allí de veraneo esa lluvia fuese una molestia, pero, aaaahhhh la lluvia fresquita….

De regreso se fijo en unos niños que desde el balcón de su casa, hacían burbujas de jabón adornando la calle, el arco iris de esas burbujas, su fugaz vida y las sonrisas que provocaban a algunas personas que, como ella, pasaban por allí y guiaban la vista siguiéndolas hasta verlas desaparecer en un liviano estallido, era agradable sonreír acompañada por personas que no conocía, que ni siquiera paraban y que compartían con ella esos segundos de inusitada niñez otoñal, que poco se necesita para sonreír y cuanto cuesta hacerlo.

Regreso a su casa, abrió la nevera y con un refresco en la mano se asomo a la ventana, aun estaba mojada, observaba ese suave danzar, las ondas que provocaban las gotas, aun se sentía algún trueno en la lejanía, seguía oliendo a tierra mojada y salitre, y, se deleitó con esos minutos en solitario, a saber cuando podría recrearse de nuevo de otro día de lluvia, suspiro, sabia del bochorno que quedaría cuando la tormenta , como cualquier amante infiel siguiese su camino y desapareciese, pero hasta ese momento la había encantado estar en esa maravillosa compañía.


miércoles, 4 de agosto de 2010

aaagggg puñetas!!!!




Desde esa altura era maravilloso, las vistas desde el castillo de Santa Bárbara, eran una mezcolanza de azules y tejados de un Alicante bullicioso y atrayente que incitaba ha hacer miles de fotos, hacia casi 40 años que quería subir a ese lugar, por fin admiraba desde lo alto toda esa preciosa y a la vez, para María, triste ciudad.

No quería volver allí, Alicante era extraordinario, pero los recuerdos aun se agolpaban, a pesar de que habían pasado ya 6 años. Ya no cabían mas excusas, sus dos mejores amigas y su hija mayor con otras dos habían organizado el viaje de fin de semana que ni por asomo se imagino que estaría lleno de “sorpresas”, una de ellas el alojamiento, Hotel Abba, inesperado, la habitación 321 ¡TOMA YA! Aunque estaba cambiada era la habitación que tantas noches había compartido con él, sus amigas sabían de su “locura” pero para nada los detalles, ¡¡¡aaaaggg puñetas!!!

La noche del viernes fue genial, una frugal cena y varios pub de la ciudad, mucha música, varios moscones, muchas risas y cansancio, apenas pudo pensar en nada más, algo que se propuso y consiguió, la llegada al hotel a las 5 de la madrugada las dejo KO hasta las 11 de la mañana del sábado. Bien… de momento todo controlado.

Aunque era principio de otoño la temperatura era magnifica, un paseo por la ciudad, una buena comida para las seis, y un gran y tranquilo paseo por el puerto, era una tarde ideal para hacerlo, había varios puestos, una especie de mercadillo, el aroma de los distintos inciensos y el mar, los magníficos colores de algunos cuadros y distintas baratijas expuestas y un gran golpe en la boca del estomago al ver lo que ella no esperaba ver ni de coña.

Desconcertada volvió a mirar hacia donde le había parecido verle, quería cerciorarse de si era él y vaya que sí. Su andar, (que siempre le recordó a la canción de Rubén Blade “Pedro navaja”) “con el tumba'o que tienen los guapos al caminar”, su reloj naranja a pesar de tener 50 años, unos pantalones blancos ibicencos, una camisa del mismo tono y unas sandalias tipo fraile, su bolso de caballero colgado del hombro, siempre le decía que llevaba su casa ahí dentro y apostaría que no llevaba ropa interior, jamás la usaba. Escucho su voz masculina tan conocida por ella, comentaba con su “pareja”, Maria imaginó que seria ella, algo, los demás apenas le prestaron atención, un si cariñito por parte de ella, fue su breve conversación y paso a ocupar su verborrea con alguien que iba con ellos.

Maria no sabia que hacer, seguía mecánicamente al conversación con sus amigas pero él aun tenia ese poder hipnótico en ella, necesitaba seguir mirándole, su pelirrojo pelo aun con mas canas de las que ella recordaba, las gafas puestas, que antes solo se las ponía en contadas ocasiones, su nariz, siempre le recordó los versos de Quevedo “A una nariz”.

Se preguntaba que pasaría si él se volviese y la viese, posiblemente ni la recordaría, él había avanzado, Maria apenas comenzó a darlos y se tropezó con esto,¡¡¡ como iba a avanzar joder si daba uno y se tropezaba!!!

Volvió a concentrarse en la conversación de las chicas, dejo de mirarle quería desprenderse del inesperado encuentro. su hija y sus amigas decidieron ir a comer algo y ver cosas ellas solas, Maria y sus amigas se dirigieron a un chiringuito, otra sorpresa mas… era el mismo en el que estuvo con él varias veces, comento a sus amigas que le había visto y que estaba un poco aturdida, le llenaron a preguntas que contestaba mientras el camarero ponía los mojitos que habían pedido, tras lamentarse sus amigas de lo que había pasado María les dijo que no se preocupasen, era cosa del destino que estaba de mala hostia con ella, provocando la primera de las risas de las tres, no sabia por que aun le afectaba tanto, necesitaba refrescarse y se dirigió al aseo, se lavó la cara, volvió a retocarse, uso su perfume, y salio no sin toparse con otra “sorpresa”, los ojos de él por encima de la copa de cerveza la miraron asombrados, una leve inclinación de cabeza a modo de saludo hizo que María despejase las dudas anteriores, la recordaba, aunque María no contesto al saludo, resurgió la mascara de nuevo en su cara le miro como si no el conociese y se dirigió a su asiento.

Les comento a sus amigas lo que había pasado, las miradas que se dirigieron fueron mutuas, al principio casi fugaces, aunque María quería saber hasta donde llegaba ese amor tan grande que tenia hacia su nueva pareja y las miradas comenzaron ha ser mas apasionadas, mirándole las manos, la boca, él sabia que eran su debilidad, le miro con el mismo deseo que cuando compartían la habitación 321 del Abba, y si pudo certificar dos cosas, que aun tenia poder sobre él, ya que una de sus amigas hablando bajito nos comento que la tienda de campaña estaba con el mástil alzado, palabras textuales, y que seguía con la costumbre de no llevar ropa interior, una sonrisa salio de la cara de Maria, llevándose el mojito a la boca alzo el vaso en forma de saludo hacia él.

Había dos cosas tenia claro, esa noche él haría el amor con su pareja, pero estaría pensando en ella y sus noches juntos y que tenían razón cuando decían que se necesitaba tiempo para oler las rosas.

miércoles, 14 de julio de 2010

María



Maria suspiraba a la hora de cenar, en casa eran cuatro, aunque normalmente los sábados, era solo su pequeña quien acompañaba su escueta cena.
El armonioso tintineo de su voz, a veces sonaba monótono, comentaba cosas de internet de series preadolescentes que veía en algún canal de la TDT. Solían ser siempre las mismas cosas, aunque Maria afirmaba suavemente con la cabeza, la miraba sorprendida en algún comentario que su pequeña pusiese énfasis, soltaba algún “no me lo puedo creer”, para su pequeña eso era suficiente, le hacia sentirse importante y a la ultima como ella quería.

El mando de la televisión era sin duda alguna en esas ocasiones su fiel aliado, esa noche en un canal temático, televisaban un concierto de Mark Knopfler, magnéticos los recuerdos que se agolparon en su cabeza recontándose a cuando conoció a su primer amor, no encontraba sentido que su recuerdo llegase ahora, quizás la soledad estaba volviendo a jugar con ella.

Recordó que no era fácil que ella gustase, no era delgada, aunque si tenía una cara bonita y un largo pelo negro que le llegaba hasta la cintura, no vestía a la última y su educación era la tradicional en esa época, aunque pensó sonriendo que apuntaba maneras de roja, claro que los genes paternos estaban ahí…escondidos, por supuesto.

El chico, típico niño de papá, moreno, alto, ojos verdes, del que por supuesto no esperaba ni siquiera que la mirase, y aunque si se fijaba en ella, pocas veces hablaban, siempre el juego de miradas y un escueto ¿Y qué si me gusta? que le escucho decir un día a sus amigos callando la broma de parte de estos, a Maria eso le bastaba no necesitaba mas.

Solían coincidir en un local que de jueves a domingo se transformaba en una pequeña discoteca de pueblo, un chico que tocaba los éxitos del momento, y bastantes jóvenes que solían venir de pueblos cercanos.

En la televisión, el sonido de fondo de Brothers in Arms, le hizo recordar uno de esos días, en los que ella estando con sus amigas en corrillo, mientras se fumaba un cigarro, se habían estado mirando bastantes veces, ninguno de los dos retiraba la vista del otro, tampoco se decían nada, a Maria le gusto ver cuando el se acerco, se dirigió hacia donde estaba ella, le cogió la mano y un susurrante, ¿bailas? Poniendo los verdes ojos en los de ella, no había que hablar mas, solo sentir, las grandes manos de el acariciando al espalda de ella en un suave baile y las manos de ella metiendo los dedos entre su pelo, mientras escondía su cara en el cuello de él oliendo su fresca colonia.

Pasaban horas así, sin interrupciones inoportunas, sin dar explicaciones a nadie, sabiendo que estaban cómodos el uno en brazos del otro, quizá queriendo ir a mas, pero sin siquiera decirlo, simplemente abrazados, bailando esas maravillosas baladas de los 80.

Le gusto la cena de esa noche de verano, melancólica, pero entrañable.

sábado, 3 de abril de 2010

Paz por unos minutos



María no tenia muy claro que le pasaba en esta época del año, normalmente le parecía o tenia la creencia que Dios, si existía, apenas se daba cuenta de que sus “hijos” lo estaban pasando francamente mal, sobretodo los niños, esas pobres y endebles criaturas que nacen para únicamente morir de hambre poco tiempo después, los sacerdotes pederastas, que la iglesia tuviese tanto dinero y no se destinase nada mas que a cubrirse buenas ropas a una jerarquizada iglesia que enseñaba en nombre de Jesucristo, un hombre criado en la pobreza, predicando a los pobres y para ellos dándoles todo lo que él podía y que sin embargo en estos tiempos ella pensaba que nadie de la iglesia recordaba.
Ahora la iglesia estaba podrida por el ansia de poder y politizada más que nunca…esas situaciones a Maria que había recibido una educación católica, le habían hecho perder mucha fe.
Pero la Semana Santa, le hacia por unos días dejarse llevar viendo y sintiendo la fe que ella pensaba perdida, en esta época del año Maria se sentía mariposa recién terminada su metamorfosis, ávida de querer conocer, de querer entender si aun había en ella un resquicio de esa fe que antes tenia en Dios.

Con este empeño se desplazo al sitio de nacimiento, necesitaba volver a ver al Cristo de Medinaceli, ver como salía de la basílica acompañado por todos sus hermanos, Maria tenia que reconocer una cosa, adoraba a ese Hombre siempre admiro lo que se decía de El, sabia que era un Hombre con unos principios muy avanzados a su época, era respetuoso, noble, sereno, sabio, responsable, tenia todo lo que Maria trataba de encontrar en un hombre para entregarse a el, y que aun no había encontrado.

Su espera rodeada de su familia a las puertas de la basílica en Madrid a pesar del cansancio acumulado por el viaje en ese momento apenas lo sentía.

El aroma envolvente de incienso y cera, personas rezando, las preguntas casi sin obtener respuestas que la hacían sus hijas pues estaba observando como estaba todo tan organizado, ver como la orquesta de la cofradía se ordenaba, estaba próxima a salir la Imagen, los monjes que la cuidaban, los penitentes, unos descalzos, otros con cadenas unos mas largos que otras arrastrándolas a sus pies, otras haciendo el recorrido de rodillas, Maria miraba todo con curiosidad como cuando era niña, tenia muy claro que la iglesia dejaba mucho que desear, pero ese ambiente…

En un momento todo quedo en silencio, todos mirando a la puerta, solo el sonido del Himno Nacional, las ordenes del Mayordomo, el principio de la Imagen aun sin ver al Cristo, y ver como despacio, va apareciendo, su traje malva, las manos atadas negras, esa cara de dolor sereno, el pelo ondeando por la brisa de esa tarde, majestuoso, se muestra en todo su esplendor, y Maria, sin apenas darse cuenta reza, hacia años que no rezaba, le pidió por sus hijos para que tengan salud, por sus familiares y amigos.

No siguió la procesión, le vio alejarse, se sorprendió a si misma cuando sintió que tenia la cara llena de lagrimas que le resbalaban por las mejillas y no se había dado cuenta, pero estaba llena de paz, por unos minutos, esa paz la reconforto.

domingo, 21 de febrero de 2010

María, espinas



Maria no sabia como, ni por que, pero había días que la aplastaban aun antes de poner un pie en el suelo.

Posiblemente se envenenaba ella sola, le gustaba regodearse con el dolor, como una persona masoquista que adora y repele por igual ese dolor, se había vuelto masoquista del amor, del tiempo pasado y se una realidad cotidiana que odiaba con toda su alma.

A veces, esos pensamientos eran como una morera silvestre, espesa, profunda y que a pesar de dar unos frutos magníficos, deliciosos, dulces, casi perennes, y de que se protegían con espinas, siempre los recogía, a pesar de eso sabía y quería que, de una vez, que se marchitasen con el imparable paso del tiempo.

Ese matorral de recuerdos acoplados en un perfecto matojo de hojas que los protegían y que desde un tiempo pensaba que se habían secado anticipándose al otoño, ahora, sabia que siempre estarían ahí, los había vivido, había sido feliz y ya, todo eso pertenecía al pasado, era anterior y aunque lo sabia seguía metiendo la mano en esa frondosa morera dejándose la piel herida, ya fuese seca por el otoño o en todo su esplendor en pleno verano, llevaba cinco años metiendo las manos para coger esas dichosas moras.

Se puede llegar a enfermar por un amor no correspondido, o quizás por que fue él quien se negó a sentir como ella sentía, no saber asimilar las cosas, enfrentarse un día tras otro a curar su ego maltrecho, que Maria se olvido del suyo, cambiándose las tornas, pensar que él solo supiese ser un cobarde y huir, sin siquiera pensar si ella había salido adelante, le provocaba que metiese mas y mas las manos a ver si se hería mas y olvidaba.

Tú, rey Midas cobarde, Maria sabia que era fuerte, que en su corazón aunque tú estas presente y te sigue amando y odiando a la par, eres su adicción.

Como el sabor de las moras que la desarman las manos, que aunque sabe que se va a herir, la mejor mora, la del fondo esa de noches de Abba, aun seguía empeñada en cogerla, a pesar de las putas espinas, para ella eran las mejores, por que ella es la mejor.



domingo, 24 de enero de 2010

Maria, sabádos...



Sábado por la noche hipnotizada miraba a la ventana viendo el bullicio de la ciudad, comenzó a poner rostros a sus recuerdos, se encontraba acurrucaba en su sillón , un trago de whiscky y un cigarro recién encendido eran su única compañía, varias veces el cigarro se había consumido solo mientras melancólica se dejaba arrastrar por el vaivén de un tiempo que si bien antes pasaba volando, ahora se le imaginaba como un enorme personaje arrastrando mil cadenas enormes con unas pesadas bolas de acero.

Comenzó una canción en el CD que había puesto minutos antes, una sonrisa apareció en su boca, hacia tantos años que no la escuchaba… le trajo recuerdos de su primer enamorado, un chico con 16 años que tenia unos enormes y rasgados ojos verdes, se perdía muchas veces en su mirada, aunque pocas veces hablaban, simplemente baliaban baladas juntos, era perfecto se acoplaban tan bien, sus cuerpos estaban hechos para estar unidos, pero… se acabo el verano y con el su enamoramiento jamás le volvió a ver, pero no se olvidaría jamás del color de esos ojos del calor de esa mirada adolescente.

Bebió un trago, la música del CD dejo de sonar y comenzó una nueva canción, el fino hilo del humo de su cigarrillo se tambaleo, lo miro. Creo que es lo más divertido que me ha pasado hoy, se dijo con una sonrisa irónica dibujada en su cara.

Sorbió otro trago que le araño la garganta, mirando el vaso con hielo le llego a su memoria la mejor y peor época de su vida cuando estaba con él, ella sintió que recibía amor, sin embargo era un juego de seducción en el que ella salio perdiendo, se enamoro de palabras, también de alguien cobarde que jugo con ella como lo habían hecho con él, fue su particular forma de despecho disfrazado de amistad.

El alcohol le estaba comenzando ha hacer efecto pues comenzó a recordar de nuevo, su forma de besar… acariciaba la boca tenia sabor a whiscky , a tabaco, a menta, su lengua remolona no dejaba de jugar en su cómodo espacio con la de ella, tan suavemente que iba deshaciéndose en ese beso. Sus manos no paraban quietas, eran como lenguas de fuego por su piel, quemando por donde pasaban, combinando las manos con su boca haciéndola perder el poco control que tenia sobre si misma.

Trago saliva, los ojos amenazaban con llenarse de lagrimas, respiro hondo y quiso poner cara a su amor, le vio sonriendo encima de ella diciéndola “fea” , ella jugando hacia un suave gesto de enfado – “No te enfades fea, que así llamo a mi hija, es curioso las dos ponéis la misma cara”- y con unas perfectas risas alegres volvían a unirse de nuevo encajándose a la perfección, arañando horas a la noche, temiendo tanto al día como un vampiro al sol.

Ese trago tenia un extraño sabor salado, sin darse cuenta las lagrimas no solo habían amenazado con salir, calientes, sinceras, rodaban por sus mejillas impertinentes, se seco con rabia la cara. ¿Cuantos años tardaría en olvidarle? ¿Se podía olvidar ese amor?

Encendió otro cigarrillo, se sentía hueca, vacía, sorbió otro trago…

Maria, abrazando muertos vivientes



Que son los valles en pena si no mi sentir.

Valles desoladores que llevan mi alma a la cercanía de un dolor inmenso, deshaciéndose de todo desintegrándome con el pasar de los días.

Ausencias que gritan mi sueño una, y otra, y otra vez, desencadenando en una profunda melancolía, que siempre me gana aunque le clave uñas y dientes.

Mientras en la plenitud del desecado desierto se pierden agónicas almas descorazonadoras.
Heridas hechas con el puntal de un hierro forjado al rojo vivo, tejiendo mi idiota corazón al compás, miles de telarañas tratando que la herida no sangre mucho y desvanezco…

No quiero despertar en este pesar, de mi no tira nada que haga salir a flote mi merecido infierno.

Enjuago lágrimas de pura rabia hacia mi misma, y siento como jamás se secan mis malditos ojos.

Entremedias de esto están mis ganas de amar, de ser amada, de entregarme rendida de descansar, en un lugar de donde no me pueda sacar nadie, solo un alma fuerte, que entienda este sentimiento.

Abracé muertos vivientes me enamore de varios de ellos.

Necesito el frescor de ese valle, frondoso que llaman amor, no sexo, no seducción, simplemente un silencio cómplice, entre dos…

Maria, reviviendo fantasmas...



Miraba absorta los peces que había en la pecera nadaban de un lado a otro, relajados sin ninguna preocupación eran hermosos, azules brillantes, dorados, los chupones como les llamaba ella, esos le gustaban especialmente se quedaban como ventosas a las paredes de la pecera.

María sonrió acababa de apagar su PC, la mañana había sido extraña, mientras observaba el silencioso nadar de los peces, se preguntaba una y mil veces por que fantasmas del pasado volvían a llegar hacia ella, no les parecía que habían hecho suficiente daño recreándose con su “felicidad” meses antes, que seguían volviendo y haciendo daño.

No era un dolor de amor, era de impotencia de saber que has explicado lo que pasa una y mil veces, y aun así no quieren cejar en su empeño. Buscaba, en el tranquilo vaivén del pez, la serenidad que esos fantasmas le acababan de quitar, quiso a esa persona, mucho más de lo que ella había pensado que le quería, seguía sintiendo por el, cosas que no entendía.

Verle fue alegría, restregar delante de sus ojos que era muy feliz, un mal trago, no por su felicidad, si no que él sabia que ella no lo era y aun así, el continuo machaqueo de sus palabras…él sabia que María se había entregado, que se arriesgo a perder mucho, ¿merece la pena entregarse tanto?

Pensaba que jamás se entregase a si a otros hombres, había puesto el muro demasiado alto. Se preguntaba si en su locura podría llegar a enfermar de verdad, por que esa insistencia en saber de ella cuando ella había dejado bien claro que no necesitaba saber de esos fantasmas que en su día no la quisieron, que empeño en querer volver a revivir momentos que prefería olvidar, para nada… tan solo con la excusa de saber como se encontraba y darle con su felicidad en plena cara como si fuese un bofetón, parece que los ojos estallan, por querer parar las lagrimas que asoman por salir.

María solo se preguntaba una cosa, si es verdad, que una persona es tan feliz ¿por qué esa insistencia a hablar con ella? Siguió mirando su particular paraíso, ahora que sus ojos habían estallado en una lluvia que él no merecía, que rendida se deslizo de su asiento, dejándose caer, no quería ver fantasmas.

Maria, la noticia



¡¡¡Tita… estoy embarazada!!!

La maravillosa noticia que acababa de darle, la producía una alegría inmensa,, llevaba mucho tiempo buscando su embarazo, había llegado el momento y para ambas la felicidad era grandísima, comentaron cosas sobre el embarazo, lo típico sobre todo María le pedía que la mantuviese informada de todo, si iba bien, se llamarían con regularidad, colgó el teléfono…

Aun con el auricular en la mano una extraña tristeza comenzó a apoderarse de ella, no entendía el porque de esta sensación, justo en ese momento.
Comenzó a recordar su vida, entonces comprendió el por qué… estaba vacía, como el útero de su sobrina un par de meses antes.

Tenia amigos, muy buenos amigos, no la faltaban… tenia a sus hijos, personitas maravillosas por las que daría su vida, pero esta sensación de soledad… este abatimiento… esta necesidad de llorar… ¿Porqué?
Sabia que en su vida le faltaba algo, necesitaba alicientes, necesitaba cambiar de vida…

Pero ¿como?
Como salir de esa situación, como meter fuerzas en su vacío espíritu…

¿Como? Si nadaba sola en su particular mas de lagrimas…ese espíritu vagabundo que hacia que cada vez viese la luz de la esperanza mas lejos, su color antes verde se iba tornando malva, morado… ahora lo veía gris…¿llegaría a verlo negro?

A veces una grandiosa noticia como la que la acababan de dar a María traía consigo más soledad de la que se pudiese imaginar, estaba muy contenta por su sobrina, necesitaba que todo saliese bien…Esta maldita sensación de soledad…

Maria, a veces...



A veces ocurre que te quedas vacía, que no saltan mariposas con nada…
A veces ocurre que sin saber como, vas ahuecando días…
Tratando de pasar desapercibidos, que pasen… que se olviden de una…
A veces a María, se le torcían noches…
A veces sin saber como, un bello agujero negro entraba en su cabeza, aunque había chispas de hermosos colores por el borde, apenas las distinguía pasaban desapercibidas.
Las veía, sabia que estaban ahí, las cogía en sus manos por un breve espacio de tiempo y las soltaba, su alma antes ilusionada, ahora era incapaz de entretenerse con nada, jugaba con ella a la soledad.
A veces la luna le llenaba, pasaba horas mirándola.
Unas veces adorándola, siguiendo el recuerdo, de su luz de tantas noches calidas, embriagadoras, que le embrujaron, iluminaron caminos hacia el amor.
Otras maldiciéndola, esa malvada altanera… envidiosa luna que disfrazo sentimientos y tras su delicada forma, embaucadora la puso una sutil venda, sabedora que el amor que Maria sentía, era mas fuerte que el de ella.
Quizás fue por esto, por lo que la luna decidió no iluminar la senda de espinas que ese amor iba dejando a su paso, envidiosa le miraba desde su cama de algodones blancos, sabiendo que ella no podría estar con su amor de la forma que María estaba con el suyo, sabiendo que el amor que María sentía, iluminaba por si mismo, asomada a la ventana sintiéndome enlazada a unos brazos que eran su sujeción en esas noches de locura…
A veces ocurre que desde su ventana, ahora sola, María mira a su luna, siente como ella le sonríe irónica desde su reino ancestral, ahora es solo el amor de ella el que brilla, el de María se quedo atrás, en el lado oscuro de la luna de donde nunca debió salir…
A veces ocurre que María nota el calido calor de una gota de amor bajando por su mejilla, que esa pequeña gota va haciendo que sean dos, tres, cuatro… pequeños surcos desesperándola…
A veces ocurre que…

Maria pudiendo volar...



Quizás alguna vez el ovillo de papel ese que siempre se le da la patada, se vuelva un fino y suave folio en blanco, en el que podamos escribir nuestro destino.
Ese destino feliz que deseamos todos el que es tan difícil de conseguir por que jamás se escribe, y cuando nos atrevemos ha hacerlo sale todo lo contrario…, ese destino, es peculiar, es una mezcla de payaso que se ríe de nosotros, y confidente fiel de lo que queremos conseguir, y por supuesto, en esto también se ríe de nosotros…
No sabemos lo que esta por venir, con mi suerte no me espero nada bueno, pero ya realmente muchas veces pienso en tirar la toalla, comentando con un amigo, le dije que ahora mismo me encuentro como un pato en un lago de hielo, tratando de avanzar pero sin ninguna posibilidad, no es gracioso?? ¡¡¡Pudiendo volar!!!!
Mi vuelo no seria solo alzar mis alas, si no mucho mas….
A veces la vida es muy hija de puta, creo que me hice un mundo de fantasía a mi gusto, minimice esfuerzos, me senté a la orilla de ese lago helado a ver como salían las cosas, ahora me quede pegada a ese hielo, es gracioso, en pleno verano y yo helada.
Puede ser que alguna vez de algún sitio, el destino me ilumine hacia una pequeña estufa desde la que me cargue de energía y coja el calor que me hace falta para seguir avanzando, al menos que me deje levantar.
No espero nada de nadie, ni que se arreglen todos mis problemas con una varita mágica, pero si pido aliento para poder seguir.
Quizás algún día, el destino deje de jugar conmigo…

Maria




Aun no sabía muy bien que hacia a las 11 de la mañana en el parque del Buen Retiro, sentada viendo la estatua del Ángel Caído que tanto la fascinaba, aunque en esta ocasión apenas le miraba.

El recuerdo de los últimos años era un estimulo tan grande que no necesitaba de mas para imaginar como seria el infierno, y en un futuro su vida que en aquel momento se tornaba gris, tan gris como aquella mañana del mes de noviembre, mirando al frente a los árboles que ahora perdían las hojas, el color rojo de algunos de ellos, hacían un fascinante juego de colores tan melancólico como su estado de animo.

Respiro hondo, el aire trajo a su nariz la esencia de la lluvia, el olor a tierra mojada, ni siquiera pensó que se mojaría, solo respiro hondo, tratando que todo ese olor a tierra húmeda, se metiese tan dentro de ella que no sintiese nada mas.

Con el corazón traspasado por mil espinas, de el rosal malva que ella había plantado con tanto amor cuando le conoció, y que poco a poco, y sin entender por que, se iba secando en lugar de ir creciendo, ahora lo entendía, el poco amor que tenia de él, se fue con el tiempo, navegando hacía otros mares mas traidores.

Era un momento cruel para ella, la vorágine del último año, no le había permitido hacer frente a la soledad que ahora la inundaba, allí, frente a la estatua que antes la fascinaba, quedo mirando hacia la nada…