domingo, 24 de enero de 2010

Maria, sabádos...



Sábado por la noche hipnotizada miraba a la ventana viendo el bullicio de la ciudad, comenzó a poner rostros a sus recuerdos, se encontraba acurrucaba en su sillón , un trago de whiscky y un cigarro recién encendido eran su única compañía, varias veces el cigarro se había consumido solo mientras melancólica se dejaba arrastrar por el vaivén de un tiempo que si bien antes pasaba volando, ahora se le imaginaba como un enorme personaje arrastrando mil cadenas enormes con unas pesadas bolas de acero.

Comenzó una canción en el CD que había puesto minutos antes, una sonrisa apareció en su boca, hacia tantos años que no la escuchaba… le trajo recuerdos de su primer enamorado, un chico con 16 años que tenia unos enormes y rasgados ojos verdes, se perdía muchas veces en su mirada, aunque pocas veces hablaban, simplemente baliaban baladas juntos, era perfecto se acoplaban tan bien, sus cuerpos estaban hechos para estar unidos, pero… se acabo el verano y con el su enamoramiento jamás le volvió a ver, pero no se olvidaría jamás del color de esos ojos del calor de esa mirada adolescente.

Bebió un trago, la música del CD dejo de sonar y comenzó una nueva canción, el fino hilo del humo de su cigarrillo se tambaleo, lo miro. Creo que es lo más divertido que me ha pasado hoy, se dijo con una sonrisa irónica dibujada en su cara.

Sorbió otro trago que le araño la garganta, mirando el vaso con hielo le llego a su memoria la mejor y peor época de su vida cuando estaba con él, ella sintió que recibía amor, sin embargo era un juego de seducción en el que ella salio perdiendo, se enamoro de palabras, también de alguien cobarde que jugo con ella como lo habían hecho con él, fue su particular forma de despecho disfrazado de amistad.

El alcohol le estaba comenzando ha hacer efecto pues comenzó a recordar de nuevo, su forma de besar… acariciaba la boca tenia sabor a whiscky , a tabaco, a menta, su lengua remolona no dejaba de jugar en su cómodo espacio con la de ella, tan suavemente que iba deshaciéndose en ese beso. Sus manos no paraban quietas, eran como lenguas de fuego por su piel, quemando por donde pasaban, combinando las manos con su boca haciéndola perder el poco control que tenia sobre si misma.

Trago saliva, los ojos amenazaban con llenarse de lagrimas, respiro hondo y quiso poner cara a su amor, le vio sonriendo encima de ella diciéndola “fea” , ella jugando hacia un suave gesto de enfado – “No te enfades fea, que así llamo a mi hija, es curioso las dos ponéis la misma cara”- y con unas perfectas risas alegres volvían a unirse de nuevo encajándose a la perfección, arañando horas a la noche, temiendo tanto al día como un vampiro al sol.

Ese trago tenia un extraño sabor salado, sin darse cuenta las lagrimas no solo habían amenazado con salir, calientes, sinceras, rodaban por sus mejillas impertinentes, se seco con rabia la cara. ¿Cuantos años tardaría en olvidarle? ¿Se podía olvidar ese amor?

Encendió otro cigarrillo, se sentía hueca, vacía, sorbió otro trago…

Maria, abrazando muertos vivientes



Que son los valles en pena si no mi sentir.

Valles desoladores que llevan mi alma a la cercanía de un dolor inmenso, deshaciéndose de todo desintegrándome con el pasar de los días.

Ausencias que gritan mi sueño una, y otra, y otra vez, desencadenando en una profunda melancolía, que siempre me gana aunque le clave uñas y dientes.

Mientras en la plenitud del desecado desierto se pierden agónicas almas descorazonadoras.
Heridas hechas con el puntal de un hierro forjado al rojo vivo, tejiendo mi idiota corazón al compás, miles de telarañas tratando que la herida no sangre mucho y desvanezco…

No quiero despertar en este pesar, de mi no tira nada que haga salir a flote mi merecido infierno.

Enjuago lágrimas de pura rabia hacia mi misma, y siento como jamás se secan mis malditos ojos.

Entremedias de esto están mis ganas de amar, de ser amada, de entregarme rendida de descansar, en un lugar de donde no me pueda sacar nadie, solo un alma fuerte, que entienda este sentimiento.

Abracé muertos vivientes me enamore de varios de ellos.

Necesito el frescor de ese valle, frondoso que llaman amor, no sexo, no seducción, simplemente un silencio cómplice, entre dos…

Maria, reviviendo fantasmas...



Miraba absorta los peces que había en la pecera nadaban de un lado a otro, relajados sin ninguna preocupación eran hermosos, azules brillantes, dorados, los chupones como les llamaba ella, esos le gustaban especialmente se quedaban como ventosas a las paredes de la pecera.

María sonrió acababa de apagar su PC, la mañana había sido extraña, mientras observaba el silencioso nadar de los peces, se preguntaba una y mil veces por que fantasmas del pasado volvían a llegar hacia ella, no les parecía que habían hecho suficiente daño recreándose con su “felicidad” meses antes, que seguían volviendo y haciendo daño.

No era un dolor de amor, era de impotencia de saber que has explicado lo que pasa una y mil veces, y aun así no quieren cejar en su empeño. Buscaba, en el tranquilo vaivén del pez, la serenidad que esos fantasmas le acababan de quitar, quiso a esa persona, mucho más de lo que ella había pensado que le quería, seguía sintiendo por el, cosas que no entendía.

Verle fue alegría, restregar delante de sus ojos que era muy feliz, un mal trago, no por su felicidad, si no que él sabia que ella no lo era y aun así, el continuo machaqueo de sus palabras…él sabia que María se había entregado, que se arriesgo a perder mucho, ¿merece la pena entregarse tanto?

Pensaba que jamás se entregase a si a otros hombres, había puesto el muro demasiado alto. Se preguntaba si en su locura podría llegar a enfermar de verdad, por que esa insistencia en saber de ella cuando ella había dejado bien claro que no necesitaba saber de esos fantasmas que en su día no la quisieron, que empeño en querer volver a revivir momentos que prefería olvidar, para nada… tan solo con la excusa de saber como se encontraba y darle con su felicidad en plena cara como si fuese un bofetón, parece que los ojos estallan, por querer parar las lagrimas que asoman por salir.

María solo se preguntaba una cosa, si es verdad, que una persona es tan feliz ¿por qué esa insistencia a hablar con ella? Siguió mirando su particular paraíso, ahora que sus ojos habían estallado en una lluvia que él no merecía, que rendida se deslizo de su asiento, dejándose caer, no quería ver fantasmas.

Maria, la noticia



¡¡¡Tita… estoy embarazada!!!

La maravillosa noticia que acababa de darle, la producía una alegría inmensa,, llevaba mucho tiempo buscando su embarazo, había llegado el momento y para ambas la felicidad era grandísima, comentaron cosas sobre el embarazo, lo típico sobre todo María le pedía que la mantuviese informada de todo, si iba bien, se llamarían con regularidad, colgó el teléfono…

Aun con el auricular en la mano una extraña tristeza comenzó a apoderarse de ella, no entendía el porque de esta sensación, justo en ese momento.
Comenzó a recordar su vida, entonces comprendió el por qué… estaba vacía, como el útero de su sobrina un par de meses antes.

Tenia amigos, muy buenos amigos, no la faltaban… tenia a sus hijos, personitas maravillosas por las que daría su vida, pero esta sensación de soledad… este abatimiento… esta necesidad de llorar… ¿Porqué?
Sabia que en su vida le faltaba algo, necesitaba alicientes, necesitaba cambiar de vida…

Pero ¿como?
Como salir de esa situación, como meter fuerzas en su vacío espíritu…

¿Como? Si nadaba sola en su particular mas de lagrimas…ese espíritu vagabundo que hacia que cada vez viese la luz de la esperanza mas lejos, su color antes verde se iba tornando malva, morado… ahora lo veía gris…¿llegaría a verlo negro?

A veces una grandiosa noticia como la que la acababan de dar a María traía consigo más soledad de la que se pudiese imaginar, estaba muy contenta por su sobrina, necesitaba que todo saliese bien…Esta maldita sensación de soledad…

Maria, a veces...



A veces ocurre que te quedas vacía, que no saltan mariposas con nada…
A veces ocurre que sin saber como, vas ahuecando días…
Tratando de pasar desapercibidos, que pasen… que se olviden de una…
A veces a María, se le torcían noches…
A veces sin saber como, un bello agujero negro entraba en su cabeza, aunque había chispas de hermosos colores por el borde, apenas las distinguía pasaban desapercibidas.
Las veía, sabia que estaban ahí, las cogía en sus manos por un breve espacio de tiempo y las soltaba, su alma antes ilusionada, ahora era incapaz de entretenerse con nada, jugaba con ella a la soledad.
A veces la luna le llenaba, pasaba horas mirándola.
Unas veces adorándola, siguiendo el recuerdo, de su luz de tantas noches calidas, embriagadoras, que le embrujaron, iluminaron caminos hacia el amor.
Otras maldiciéndola, esa malvada altanera… envidiosa luna que disfrazo sentimientos y tras su delicada forma, embaucadora la puso una sutil venda, sabedora que el amor que Maria sentía, era mas fuerte que el de ella.
Quizás fue por esto, por lo que la luna decidió no iluminar la senda de espinas que ese amor iba dejando a su paso, envidiosa le miraba desde su cama de algodones blancos, sabiendo que ella no podría estar con su amor de la forma que María estaba con el suyo, sabiendo que el amor que María sentía, iluminaba por si mismo, asomada a la ventana sintiéndome enlazada a unos brazos que eran su sujeción en esas noches de locura…
A veces ocurre que desde su ventana, ahora sola, María mira a su luna, siente como ella le sonríe irónica desde su reino ancestral, ahora es solo el amor de ella el que brilla, el de María se quedo atrás, en el lado oscuro de la luna de donde nunca debió salir…
A veces ocurre que María nota el calido calor de una gota de amor bajando por su mejilla, que esa pequeña gota va haciendo que sean dos, tres, cuatro… pequeños surcos desesperándola…
A veces ocurre que…

Maria pudiendo volar...



Quizás alguna vez el ovillo de papel ese que siempre se le da la patada, se vuelva un fino y suave folio en blanco, en el que podamos escribir nuestro destino.
Ese destino feliz que deseamos todos el que es tan difícil de conseguir por que jamás se escribe, y cuando nos atrevemos ha hacerlo sale todo lo contrario…, ese destino, es peculiar, es una mezcla de payaso que se ríe de nosotros, y confidente fiel de lo que queremos conseguir, y por supuesto, en esto también se ríe de nosotros…
No sabemos lo que esta por venir, con mi suerte no me espero nada bueno, pero ya realmente muchas veces pienso en tirar la toalla, comentando con un amigo, le dije que ahora mismo me encuentro como un pato en un lago de hielo, tratando de avanzar pero sin ninguna posibilidad, no es gracioso?? ¡¡¡Pudiendo volar!!!!
Mi vuelo no seria solo alzar mis alas, si no mucho mas….
A veces la vida es muy hija de puta, creo que me hice un mundo de fantasía a mi gusto, minimice esfuerzos, me senté a la orilla de ese lago helado a ver como salían las cosas, ahora me quede pegada a ese hielo, es gracioso, en pleno verano y yo helada.
Puede ser que alguna vez de algún sitio, el destino me ilumine hacia una pequeña estufa desde la que me cargue de energía y coja el calor que me hace falta para seguir avanzando, al menos que me deje levantar.
No espero nada de nadie, ni que se arreglen todos mis problemas con una varita mágica, pero si pido aliento para poder seguir.
Quizás algún día, el destino deje de jugar conmigo…

Maria




Aun no sabía muy bien que hacia a las 11 de la mañana en el parque del Buen Retiro, sentada viendo la estatua del Ángel Caído que tanto la fascinaba, aunque en esta ocasión apenas le miraba.

El recuerdo de los últimos años era un estimulo tan grande que no necesitaba de mas para imaginar como seria el infierno, y en un futuro su vida que en aquel momento se tornaba gris, tan gris como aquella mañana del mes de noviembre, mirando al frente a los árboles que ahora perdían las hojas, el color rojo de algunos de ellos, hacían un fascinante juego de colores tan melancólico como su estado de animo.

Respiro hondo, el aire trajo a su nariz la esencia de la lluvia, el olor a tierra mojada, ni siquiera pensó que se mojaría, solo respiro hondo, tratando que todo ese olor a tierra húmeda, se metiese tan dentro de ella que no sintiese nada mas.

Con el corazón traspasado por mil espinas, de el rosal malva que ella había plantado con tanto amor cuando le conoció, y que poco a poco, y sin entender por que, se iba secando en lugar de ir creciendo, ahora lo entendía, el poco amor que tenia de él, se fue con el tiempo, navegando hacía otros mares mas traidores.

Era un momento cruel para ella, la vorágine del último año, no le había permitido hacer frente a la soledad que ahora la inundaba, allí, frente a la estatua que antes la fascinaba, quedo mirando hacia la nada…