domingo, 24 de enero de 2010

Maria




Aun no sabía muy bien que hacia a las 11 de la mañana en el parque del Buen Retiro, sentada viendo la estatua del Ángel Caído que tanto la fascinaba, aunque en esta ocasión apenas le miraba.

El recuerdo de los últimos años era un estimulo tan grande que no necesitaba de mas para imaginar como seria el infierno, y en un futuro su vida que en aquel momento se tornaba gris, tan gris como aquella mañana del mes de noviembre, mirando al frente a los árboles que ahora perdían las hojas, el color rojo de algunos de ellos, hacían un fascinante juego de colores tan melancólico como su estado de animo.

Respiro hondo, el aire trajo a su nariz la esencia de la lluvia, el olor a tierra mojada, ni siquiera pensó que se mojaría, solo respiro hondo, tratando que todo ese olor a tierra húmeda, se metiese tan dentro de ella que no sintiese nada mas.

Con el corazón traspasado por mil espinas, de el rosal malva que ella había plantado con tanto amor cuando le conoció, y que poco a poco, y sin entender por que, se iba secando en lugar de ir creciendo, ahora lo entendía, el poco amor que tenia de él, se fue con el tiempo, navegando hacía otros mares mas traidores.

Era un momento cruel para ella, la vorágine del último año, no le había permitido hacer frente a la soledad que ahora la inundaba, allí, frente a la estatua que antes la fascinaba, quedo mirando hacia la nada…

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