sábado, 3 de abril de 2010

Paz por unos minutos



María no tenia muy claro que le pasaba en esta época del año, normalmente le parecía o tenia la creencia que Dios, si existía, apenas se daba cuenta de que sus “hijos” lo estaban pasando francamente mal, sobretodo los niños, esas pobres y endebles criaturas que nacen para únicamente morir de hambre poco tiempo después, los sacerdotes pederastas, que la iglesia tuviese tanto dinero y no se destinase nada mas que a cubrirse buenas ropas a una jerarquizada iglesia que enseñaba en nombre de Jesucristo, un hombre criado en la pobreza, predicando a los pobres y para ellos dándoles todo lo que él podía y que sin embargo en estos tiempos ella pensaba que nadie de la iglesia recordaba.
Ahora la iglesia estaba podrida por el ansia de poder y politizada más que nunca…esas situaciones a Maria que había recibido una educación católica, le habían hecho perder mucha fe.
Pero la Semana Santa, le hacia por unos días dejarse llevar viendo y sintiendo la fe que ella pensaba perdida, en esta época del año Maria se sentía mariposa recién terminada su metamorfosis, ávida de querer conocer, de querer entender si aun había en ella un resquicio de esa fe que antes tenia en Dios.

Con este empeño se desplazo al sitio de nacimiento, necesitaba volver a ver al Cristo de Medinaceli, ver como salía de la basílica acompañado por todos sus hermanos, Maria tenia que reconocer una cosa, adoraba a ese Hombre siempre admiro lo que se decía de El, sabia que era un Hombre con unos principios muy avanzados a su época, era respetuoso, noble, sereno, sabio, responsable, tenia todo lo que Maria trataba de encontrar en un hombre para entregarse a el, y que aun no había encontrado.

Su espera rodeada de su familia a las puertas de la basílica en Madrid a pesar del cansancio acumulado por el viaje en ese momento apenas lo sentía.

El aroma envolvente de incienso y cera, personas rezando, las preguntas casi sin obtener respuestas que la hacían sus hijas pues estaba observando como estaba todo tan organizado, ver como la orquesta de la cofradía se ordenaba, estaba próxima a salir la Imagen, los monjes que la cuidaban, los penitentes, unos descalzos, otros con cadenas unos mas largos que otras arrastrándolas a sus pies, otras haciendo el recorrido de rodillas, Maria miraba todo con curiosidad como cuando era niña, tenia muy claro que la iglesia dejaba mucho que desear, pero ese ambiente…

En un momento todo quedo en silencio, todos mirando a la puerta, solo el sonido del Himno Nacional, las ordenes del Mayordomo, el principio de la Imagen aun sin ver al Cristo, y ver como despacio, va apareciendo, su traje malva, las manos atadas negras, esa cara de dolor sereno, el pelo ondeando por la brisa de esa tarde, majestuoso, se muestra en todo su esplendor, y Maria, sin apenas darse cuenta reza, hacia años que no rezaba, le pidió por sus hijos para que tengan salud, por sus familiares y amigos.

No siguió la procesión, le vio alejarse, se sorprendió a si misma cuando sintió que tenia la cara llena de lagrimas que le resbalaban por las mejillas y no se había dado cuenta, pero estaba llena de paz, por unos minutos, esa paz la reconforto.