miércoles, 14 de julio de 2010

María



Maria suspiraba a la hora de cenar, en casa eran cuatro, aunque normalmente los sábados, era solo su pequeña quien acompañaba su escueta cena.
El armonioso tintineo de su voz, a veces sonaba monótono, comentaba cosas de internet de series preadolescentes que veía en algún canal de la TDT. Solían ser siempre las mismas cosas, aunque Maria afirmaba suavemente con la cabeza, la miraba sorprendida en algún comentario que su pequeña pusiese énfasis, soltaba algún “no me lo puedo creer”, para su pequeña eso era suficiente, le hacia sentirse importante y a la ultima como ella quería.

El mando de la televisión era sin duda alguna en esas ocasiones su fiel aliado, esa noche en un canal temático, televisaban un concierto de Mark Knopfler, magnéticos los recuerdos que se agolparon en su cabeza recontándose a cuando conoció a su primer amor, no encontraba sentido que su recuerdo llegase ahora, quizás la soledad estaba volviendo a jugar con ella.

Recordó que no era fácil que ella gustase, no era delgada, aunque si tenía una cara bonita y un largo pelo negro que le llegaba hasta la cintura, no vestía a la última y su educación era la tradicional en esa época, aunque pensó sonriendo que apuntaba maneras de roja, claro que los genes paternos estaban ahí…escondidos, por supuesto.

El chico, típico niño de papá, moreno, alto, ojos verdes, del que por supuesto no esperaba ni siquiera que la mirase, y aunque si se fijaba en ella, pocas veces hablaban, siempre el juego de miradas y un escueto ¿Y qué si me gusta? que le escucho decir un día a sus amigos callando la broma de parte de estos, a Maria eso le bastaba no necesitaba mas.

Solían coincidir en un local que de jueves a domingo se transformaba en una pequeña discoteca de pueblo, un chico que tocaba los éxitos del momento, y bastantes jóvenes que solían venir de pueblos cercanos.

En la televisión, el sonido de fondo de Brothers in Arms, le hizo recordar uno de esos días, en los que ella estando con sus amigas en corrillo, mientras se fumaba un cigarro, se habían estado mirando bastantes veces, ninguno de los dos retiraba la vista del otro, tampoco se decían nada, a Maria le gusto ver cuando el se acerco, se dirigió hacia donde estaba ella, le cogió la mano y un susurrante, ¿bailas? Poniendo los verdes ojos en los de ella, no había que hablar mas, solo sentir, las grandes manos de el acariciando al espalda de ella en un suave baile y las manos de ella metiendo los dedos entre su pelo, mientras escondía su cara en el cuello de él oliendo su fresca colonia.

Pasaban horas así, sin interrupciones inoportunas, sin dar explicaciones a nadie, sabiendo que estaban cómodos el uno en brazos del otro, quizá queriendo ir a mas, pero sin siquiera decirlo, simplemente abrazados, bailando esas maravillosas baladas de los 80.

Le gusto la cena de esa noche de verano, melancólica, pero entrañable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario