
Sábado por la noche hipnotizada miraba a la ventana viendo el bullicio de la ciudad, comenzó a poner rostros a sus recuerdos, se encontraba acurrucaba en su sillón , un trago de whiscky y un cigarro recién encendido eran su única compañía, varias veces el cigarro se había consumido solo mientras melancólica se dejaba arrastrar por el vaivén de un tiempo que si bien antes pasaba volando, ahora se le imaginaba como un enorme personaje arrastrando mil cadenas enormes con unas pesadas bolas de acero.
Comenzó una canción en el CD que había puesto minutos antes, una sonrisa apareció en su boca, hacia tantos años que no la escuchaba… le trajo recuerdos de su primer enamorado, un chico con 16 años que tenia unos enormes y rasgados ojos verdes, se perdía muchas veces en su mirada, aunque pocas veces hablaban, simplemente baliaban baladas juntos, era perfecto se acoplaban tan bien, sus cuerpos estaban hechos para estar unidos, pero… se acabo el verano y con el su enamoramiento jamás le volvió a ver, pero no se olvidaría jamás del color de esos ojos del calor de esa mirada adolescente.
Bebió un trago, la música del CD dejo de sonar y comenzó una nueva canción, el fino hilo del humo de su cigarrillo se tambaleo, lo miro. Creo que es lo más divertido que me ha pasado hoy, se dijo con una sonrisa irónica dibujada en su cara.
Sorbió otro trago que le araño la garganta, mirando el vaso con hielo le llego a su memoria la mejor y peor época de su vida cuando estaba con él, ella sintió que recibía amor, sin embargo era un juego de seducción en el que ella salio perdiendo, se enamoro de palabras, también de alguien cobarde que jugo con ella como lo habían hecho con él, fue su particular forma de despecho disfrazado de amistad.
El alcohol le estaba comenzando ha hacer efecto pues comenzó a recordar de nuevo, su forma de besar… acariciaba la boca tenia sabor a whiscky , a tabaco, a menta, su lengua remolona no dejaba de jugar en su cómodo espacio con la de ella, tan suavemente que iba deshaciéndose en ese beso. Sus manos no paraban quietas, eran como lenguas de fuego por su piel, quemando por donde pasaban, combinando las manos con su boca haciéndola perder el poco control que tenia sobre si misma.
Trago saliva, los ojos amenazaban con llenarse de lagrimas, respiro hondo y quiso poner cara a su amor, le vio sonriendo encima de ella diciéndola “fea” , ella jugando hacia un suave gesto de enfado – “No te enfades fea, que así llamo a mi hija, es curioso las dos ponéis la misma cara”- y con unas perfectas risas alegres volvían a unirse de nuevo encajándose a la perfección, arañando horas a la noche, temiendo tanto al día como un vampiro al sol.
Ese trago tenia un extraño sabor salado, sin darse cuenta las lagrimas no solo habían amenazado con salir, calientes, sinceras, rodaban por sus mejillas impertinentes, se seco con rabia la cara. ¿Cuantos años tardaría en olvidarle? ¿Se podía olvidar ese amor?
Encendió otro cigarrillo, se sentía hueca, vacía, sorbió otro trago…
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