miércoles, 11 de mayo de 2011

María




María veía pasar la tarde de domingo entre la indiferencia de un cielo gris, a ratos, y otros con un sol maravilloso, tras un día de primavera fresco, casi con aroma otoñal, que le daba un respiro para prepararse al verano, que temía, por hastío, húmedo y sofocante, como todos los años, afrontaba esa época del año, como podía, conocía de sobra como el tiempo jugaba con ese dichoso pueblo, odiaba el verano.

En la tele echaban “Bajo el sol de la Toscana” y se le ocurrió como seria una versión española de dicha película, posiblemente a la protagonista, no hubiese pillado al marido con otra en su misma casa, seguramente ese marido hubiese estado horas detrás de una pantallita del ordenador, y ella le hubiese pillado alguna conversación, horas de sexo y quedadas en días de trabajo, por supuesto, para que ella no se enterase, posiblemente leería como despectivamente él le decía a ella, “mi parienta no se entera”, haciéndose el listillo, nunca dando su numero de teléfono personal, si no otro destinado a las amigas y del que su mujer no tendría ni pajolera idea, o el del trabajo, por supuesto móvil, cobardía siempre la cobardía.

Ella habría ido a pasar una temporada, no cruzando el charco, si no yéndose a algún pueblo escondido de pocos habitantes, tampoco habría comprado la casa, ni rehaciéndola, posiblemente buscaría un trabajo, pusiese un pc en su casa y seguramente jugaría con la tentación de una pantallita de ordenador, que, tras varios meses de seducción, un simple mecánico, disfrazado de masajista la llevase hasta la habitación de varios hoteles haciendo que renaciese ese sentimiento que tenia casi olvidado, hasta que a él le diese la gana o se cansase de la torturada recién separada y se envolviese en los brazos de una divorciada con hijas adultas que es mas practico.

Posiblemente en esa casa de ese pueblecito, no nacería ningún bebe o… quizá si, un pequeño mecaniquito pelirrojo que llenase sus días, del que el cobarde de su papá ni siquiera hubiese querido tener conocimiento, esa seria su “vendetta” a la española.

Si, a María le gustaba transformar películas, en particular las de serie b, lo que no sabrán nunca es si es real o una versión a la española de una seudo enamorada, sonreía el pequeño pelirrojo había montado su primer coche de juguete…seguro que seria un buen Rey Midas…