
Miraba absorta los peces que había en la pecera nadaban de un lado a otro, relajados sin ninguna preocupación eran hermosos, azules brillantes, dorados, los chupones como les llamaba ella, esos le gustaban especialmente se quedaban como ventosas a las paredes de la pecera.
María sonrió acababa de apagar su PC, la mañana había sido extraña, mientras observaba el silencioso nadar de los peces, se preguntaba una y mil veces por que fantasmas del pasado volvían a llegar hacia ella, no les parecía que habían hecho suficiente daño recreándose con su “felicidad” meses antes, que seguían volviendo y haciendo daño.
No era un dolor de amor, era de impotencia de saber que has explicado lo que pasa una y mil veces, y aun así no quieren cejar en su empeño. Buscaba, en el tranquilo vaivén del pez, la serenidad que esos fantasmas le acababan de quitar, quiso a esa persona, mucho más de lo que ella había pensado que le quería, seguía sintiendo por el, cosas que no entendía.
Verle fue alegría, restregar delante de sus ojos que era muy feliz, un mal trago, no por su felicidad, si no que él sabia que ella no lo era y aun así, el continuo machaqueo de sus palabras…él sabia que María se había entregado, que se arriesgo a perder mucho, ¿merece la pena entregarse tanto?
Pensaba que jamás se entregase a si a otros hombres, había puesto el muro demasiado alto. Se preguntaba si en su locura podría llegar a enfermar de verdad, por que esa insistencia en saber de ella cuando ella había dejado bien claro que no necesitaba saber de esos fantasmas que en su día no la quisieron, que empeño en querer volver a revivir momentos que prefería olvidar, para nada… tan solo con la excusa de saber como se encontraba y darle con su felicidad en plena cara como si fuese un bofetón, parece que los ojos estallan, por querer parar las lagrimas que asoman por salir.
María solo se preguntaba una cosa, si es verdad, que una persona es tan feliz ¿por qué esa insistencia a hablar con ella? Siguió mirando su particular paraíso, ahora que sus ojos habían estallado en una lluvia que él no merecía, que rendida se deslizo de su asiento, dejándose caer, no quería ver fantasmas.
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